“…aquí los huevos de amor, llévelos marchanta, llévelos, llévelos. Calabacitas, de primera cosecha, flor de calabaza para sus quesadillas, elotes, elotes tiernitos, quelites, llévelos, llévelos….los cultivamos aquí merito…somos familias productoras, mujeres productoras, llévelos guerita, llévelos…aquí en nuestro mercado”.

Con este pregón cerró la brillante y sensitiva puesta en escena realizada por mujeres productoras de los pueblos de Tlalpan (organizadas en el Barzón Tlalpan) con ocasión de la celebración del Día Internacional de la Mujer Rural.

“Memoria de estas tierras; Memoria de Mujeres” es el nombre de la estampa escénica que empleando la técnica del estatuismo, regaló al público asistente retazos de memorias de sus territorios, de las capacidades olvidadas de producir sus propios alimentos, de las memorias ecológicas que guardan y que permiten darnos cuenta hasta donde hemos cercenado nuestro entorno natural, e incluso de las ritualidades de respeto y amor a la naturaleza que todavía hace apenas 2 generaciones atrás formaban parte de los hechos culturales más profundos de los pueblos del Ajusco, contribuyendo sin duda a darle forma y sentido a un entretejido de  relaciones con el entorno más equilibradas, enriquecedoras, productivas y humanamente solidarias,

 

 

 

El ejercicio estético y creativo de las productoras de Tlalpan se colocó como centro de la expo – venta de los diversos productos que hombres y mujeres organizadas ya están ofreciendo a la localidad e incluso a población consumidora fuera de ellas; y que van desde hierbas aromáticas, plantas de ornato, hortalizas, frutas en conserva, artesanías diversas hasta los famosos huevos de amor, que no son más que huevos producidas por gallinas con gallos criadas en los patios traseros de las casas, en libertad y con los cuidados y afecto inexistentes en las grandes producciones avícolas del mercado capitalista.
Es importante decir que los productos ofrecidos son los excedentes de la producción que en primera instancia satisface las necesidades de alimento de las familias y el resto se destina para la obtención de algunos ingresos monetarios que ayudan al bienestar familiar.

 

En definitiva se trató de devolverle el rostro humano cultural que tienen y deben de tener por principio los mercados, realzando dicha condición desde lo estético y creativo al tiempo que promoviendo la comunicación – conversación humana cercana, productora-r  y consumidores,  rostro con rostro, gesto con gesto, memoria con memoria, emoción con emoción, haciendo en resumidas cuentas una celebración de la vida, que no de la rapiña egoísta del gran mercado.
Lo anterior es la filosofía altamente subversiva que le da cuerpo a la política impulsada por el BARZON cunando promueve el impulso y fortalecimiento de la pequeña producción y mercados locales hasta lograr colocarla en términos de política pública que contribuya a la tan apreciada pero lejana seguridad alimentaria.
La estrategia está trazada; hacia mercados con rostros humanos engalanados y revivificados desde la cultura