En la cuarta ronda de negociaciones, los representantes del gobierno mexicano están arrinconados. Carecen de poder de negociación. La esperanza es que la columna vertebral del TLC se mantenga sin cambios. El resultado será, como en muchas otras ocasiones y recientemente en el caso del azúcar, aceptar la propuesta esencial de los negociadores norteamericanos. Es decir, sólo trabajan con un Plan “A” y el Plan “AA”.

 

El Plan “A”, sería un TLC sin modificaciones. El Plan “AA”. Tiene como base la aceptación de la reducción del déficit, el incremento del componente estadounidense en automotriz, la exportación de productos agrícolas mediante cuotas y mayor rigidez en la vigilancia de dumping y subsidios. Es decir, la agenda de EU, se establezca en plazos.

 

El gobierno mexicano no tiene un Plan “B”. Para nada se le ocurre rectificar errores y establecer un sistema más equilibrado entre la apertura comercial y el fortalecimiento del mercado nacional. Es decir, independientemente del resultado de las negociaciones el Congreso de la Unión y el gobierno federal están obligados a poner en marcha un nuevo programa de desarrollo que ponga al centro la reconstrucción de las instituciones y las políticas económicas que fortalezcan el mercado nacional.

 

La debilidad de los negociadores es extrema. El Presidente Trump lo sabe. Nuestro país desmanteló buena parte de sus fortalezas económicas nacionales. Quedó como una economía que la apostó todo a las exportaciones. Castigó el empleo y mantuvo los salarios en niveles miserables. Se pensó que el esquema del TLC sería para siempre. Los daños de una salida en las actuales condiciones y sin mediar un cambio en la política interna serán desastrosos para la economía y la población nacional.

 

LOS RIESGOS DE LA SALIDA DEL TLC.

 

La salida del TLC sin establecer las señales del programa de fortalecimiento del mercado nacional sólo va a provocar una mayor devaluación. Seremos víctimas de una oleada especulativa y de una mayor caída de la producción y del crecimiento económico para los próximos años. Los empleos que se perderían pueden llegar, según algunos analistas, a poco menos de un millón de puestos de trabajo. El encarecimiento de productos, principalmente de alimentos golpeará los niveles de alimentación y de nutrición. Se pondrá más difícil acceder a la canasta básica para cientos de miles de familias mexicanas.

 

La exportación agrícola: en manos de trasnacionales.

 

En lo que se refiere a la agroindustria mexicana es innegable la ventaja geográfica que tiene nuestro país frente a Canadá y Estados Unidos en materia agrícola; esa es la razón por la cual operan en México empresas extranjeras productoras de cultivos de alto valor económico.

 

A esa ventaja se agregan los bajos salarios del personal operativo, de producción y jornaleros que pagan en México. Hay una gran complementariedad entre los tres países, porque Estados Unidos y Canadá producen hortalizas y frutas estacionalmente y el resto del año debe cubrir sus necesidades de consumo mediante las importaciones provenientes de nuestro país. Lo anterior ha sido un atractivo para la inversión extranjera en la agricultura en nuestro país.

 

Según datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), México es el principal proveedor de frutas y hortalizas a Estados Unidos con una participación de 99%, alcachofas 97%, calabacitas 94%, maíz 91%, jitomates 88%, pimientos 84%, pepinos 83%, berenjena 82%, aceitunas 82%, espinacas 82%, apio 80%, papaya 72%, aguacates 71%, y cebollas 57% (2016).

 

Un ejemplo de inversión extranjera en productos del campo es la producción de arándanos y las principales empresas como AgranaFruit, Alpasa, Berrie Lovers, Berrymex, Berrie´s Paradaise, BQ Fruit, Corporativo Altex, Driscoll´s, Export Berry, Exifrut, Grupo Berries, Guimarra, Hortifruit, SB Berrys, Splendor, Sunnyridge, Universal Berries y otras que forman parte de la Asociación Nacional de Exportadores de Berries (Aneberries).

 

 

 

Según el Banco de México, en 2016 la agricultura y la agroindustria aportaron un superávit de 3 mil 175 millones de dólares, gracias a que se exportaron 28 mil 971 millones de dólares y se importaron 25 mil 796 millones de dólares. En lo que va de 2017, debido a la devaluación del peso, las exportaciones y el saldo comercial son superiores a las de 2016.  El problema está en que México importa alimentos e insumos básicos y exporta productos no indispensables y además, perecederos.

 

Mientras la inflación en nuestro país no ha bajado y continua con porcentajes mayores al 6% como el mes pasado dónde la inflación quedó en 6.35% en comparación en el mismo mes pero de 2016 que fue de 2.9 %, así pues alcanzando uno de sus mayores niveles en el mes de agosto de 6.66%, un porcentaje mayor en 16 años, y un tipo de cambio afectado por la incertidumbre de las negociaciones que lo ha puesto en los $18.94 pesos, en los últimos días.

 

MAYOR ENCARECIMIENTO DE PRODUCTOS BASICOS.

 

Los alimentos que se encuentran en riesgo de un encarecimiento mayor, son la carne de res, la leche líquida y leche en polvo y los subproductos de la leche entre ellos quesos y requesón, otros productos son el arroz, carne de cerdo, maíz amarillo, trigo grano, alimentos balanceados, albuminas y harinas.

 

En el caso de maíz amarillo nuestro país importa de Estados Unidos un 45% del consumo total, el “huevo” aunque somos uno de los principales productores de este producto, en 2016 se importaron 37 mil toneladas de huevo fértil, esto para repoblar las aves, tan solo en los primeros meses de este año se importó 14% más leche en polvo lo que equivale a 45 mil toneladas sólo en ese periodo en el tema de lácteos nuestro país depende de más del 70% de las importaciones y cada año se realizan compras aproximadas de 200 mil toneladas, sin embargo esta dependencia va en aumento cada año y los precios al consumidor van desde los $16.50 a los $19.00 pesos el litro.

 

Por lo que ahora a más de 22 años del TLCAN nuestro gobierno carece de una estrategia y nunca a volteado la cara a fortalecer un abastecimiento nacional, ante la situación de una posible salida del TLCAN ó una renegociación en la que se vean afectados los aranceles.

 

Aunque contamos con 12 acuerdos comerciales con más de 46 países, la situación seguirá igual, lo único sería cambiar de país y la zona de comercialización, ya sea por aire, por el pacifico o por el golfo, como el caso de maíz amarillo a Argentina ó  Brasil, el caso de leche de Nueva Zelanda y arroz a China ó Vietnam.

 

A pesar de tanto acuerdo comercial nuestro país no ha logrado diversificar mercados. La alta dependencia de las importaciones estadounidenses y el posible establecimiento de aranceles, incluso aquellos que determina la OMC como Nación Más Favorecida (NMF), traerá como resultado un costo mayor para los consumidores mexicanos.

 

 

 

Sin una mejora en las políticas públicas nacionales y una correcta distribución del presupuesto nacional para fortalecer la producción nacional de semillas, fertilizantes, agroquímicos y alimentos balanceados, granos básicos y forrajeros, que son los principales insumos para la producción agrícola de carne, huevo y leche, sin lo anterior la economía de más de la mitad de la población mexicana continuará estancada y se observará una mayor dependencia de alimentos para satisfacer las necesidades de nuestro país.