Colonias

  • En el último informe que presentó el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEGI) de la Encuesta Ingreso Gasto de los Hogares, ahora Módulo de Condiciones Socioeconómicas, hace importantes cambios en las fuentes de ingresos del estrato más pobre de la población.

  • De acuerdo con los datos del INEGI, al tiempo que se observa una reducción en los ingresos proporcionados por el trabajo, crecen sustancialmente los ingresos por becas, por remesas, por programas sociales y otros.

  • Esta decisión del INEGI, de modificar el registro de los ingresos del estrato más pobre, introduce cambios en la manera de evaluar la pobreza  y con la pretensión de justificar las “reformas estrcuturales”

  • Por lo pronto, todos los expertos nacionales que analizan ese tema y el INEGI mismo, advierten que los nuevos datos no son comparables con los que se tenían hasta ahora.

  •  Urge que el Instituto proporcione la información que permita comparar la información con la de la serie que se tenía con datos históricos.

  • Como norma, debe quedar prohibido que las mejoras en la captura o las muestras de datos de las dependencias públicas que generan estadísticas, sean justificación para no poder actualizar responsablemente las series históricas; si lo nuevo genera otra serie, así se debe considerar.

Uno de los grandes rezagos de nuestro país, que demuestran la ineficacia y corrupción de las políticas públicas aplicadas en los últimos sexenios, es la persistencia de elevados porcentajes de la población en condiciones de pobreza, alrededor de 50%. Esto ha propiciado confrontaciones entre las dependencias que miden la pobreza y aquéllas que reparten subsidios para paliarla, para medir qué tan efectivos son sus esfuerzos para terminar con el problema. Como se ha comprobado, el problema de las dependencias como SEDESOL, es que sólo se les permite ofrecer alivios superficiales, mientras que las Secretarías de Hacienda, Economía y Agricultura son verdaderas fábricas de pobres.

No es un problema exclusivo de la presente administración, sino de la política de los últimos sexenios que ha eliminado al sector público como factor de redistribución y de respaldo real a las actividades económicas, lo que ha propiciado una enorme concentración y control de mercados en unas cuantas manos. Paralelamente, ha propiciado una pérdida o debilitamiento de la capacidad productiva de amplios sectores de la población, así como una gran la precariedad en las condiciones laborales y consecuentemente una gran inequidad social. La situación se agrava debido a la corrupción que beneficia a los altos funcionarios y a las trasnacionales, mediante “reformas” que legitiman la apropiación privada de los bienes públicos. En el “combate” a la corrupción se persiguen los cartuchos quemados y se preservan los grandes negocios.

Por otra parte, no existe ni un solo elemento en el desempeño económico que permita suponer que mejoró el ingreso real de la población, con crecimientos del PIB inferiores a 2.5%, con entornos de incertidumbre económica e inseguridad pública, el aumento de ingresos de los sectores de menores ingresos sólo se podría explicar por las variaciones en el valor en pesos de las remesas que envían los migrantes a sus familias.

No existe en la estrategia gubernamental nada que permita suponer que van a lograr avanzar contra ese flagelo. Mientras su obsesión por las “reformas”, que tiene mucho de corrupción, los induce a promover medidas para incrementar la concentración del ingreso, sus paliativos se limitan a abrir más el mercado a la importación de alimentos, aunque eso afecte y empobrezca aún más  a los pequeños productores nacionales. Aumentan lo que dicen que quieren combatir.

Por otra parte, resulta realmente frustrante que sean tan limitados los esfuerzos de la principal instancia generadora de información, para investigar, con más precisión, qué es los que sucede con el decil de mayores ingresos, en el que no sabemos de qué manera se distribuye el ingreso por centiles. Urge generar información al respecto.

Efectivamente, como dice el presidente del INEGI, somos un país con alta desigualdad, pero no podemos quedarnos con eso. Como integrantes de El Barzón demandamos que a la brevedad se genere la información que permita comparar con precisión la información histórica de los indicadores que miden las condiciones socioecnómicas de los hogares.

Asimismo, exigimos que se analice el decil de ingresos más altos en una estratificación adicional a centiles, para poder evaluar la concentración del ingreso en unas pocas manos, para el rediseño de políticas públicas.

No aceptaremos que mediante engaños estadísticos se busque crear la percepción de bienestar. Está cdemostrado que eso no es posible con las políticas actuales.

Urge un cambio en la política económica.